jueves, 7 de agosto de 2008

¿Y a ti que te gustaría hacer?

A la costumbre se le vence con costumbre.

Me gustó la frase. Y cuanta razón lleva, no te gusta algo cámbialo, un día y luego otro. El otro día cuando trataba de que la peque hiciera algo de siesta, vi una acuarela que le pinté a mi madre por su 60 cumpleaños, se me estropeó el revelado de aquel cumpleaños y para tener algún recuerdo, pinté el ramo magnífico que le habían regalado. Y ella lo enmarcó claro. La acuarela en realidad es malísima porque no tiene técnica alguna pero al verla diez años después pensé pues vaya si hubiera pintado desde entonces ya me saldrían bastante mejor.
El pensamiento me hizo reír. Pero es cierto nunca es tarde para empezar a hacer algo que te guste, no se puede aplazar sine die, porque sino pasa como aquellas personas que aplazan su felicidad, a una estabilidad laboral, a una casa, a una pareja que les proporcione cariño, o a esos hijos que llegan o no llegan, y luego a que estos crezcan …
Así que sólo por eso voy a volver a pintar. Así pronto, en la descripción del blog también rezará… y pintora a ratos sueltos.
Al fin y al cabo lo divertido de este mundo es que podemos reinventarnos una y otra vez a diferencia de los personajes de las novelas.

sábado, 2 de agosto de 2008

Noche de viernes

Hoy después de estar todo el día en casa con la nena casi todo el rato en brazos al llegar del trabajo le dije vamos, salgamos. Atardecía tras las montañas y dimos un paseo, respire hondo, nos sentamos un rato en un banco. Volvimos a casa y le dije quedaos en el coche, preparé algo a las nenas, nos fuimos de nuevo. Esta vez una vuelta por un sitio de playa, vi los restaurantes, las terrazas de los apartamentos llenas, algunos con la familia al completo, en otra a contraluz descubrí a dos personas tomaban un helado desde sus butacas, no se podía aparcar y le dije no importa ya está volvamos a casa. Las niñas se durmieron en el trayecto y de pronto la noche se hizo privada e íntima, él dijo pues hagamos un kebab y nos lo llevamos, y de camino encontramos algo insólito una mesa en una terraza de una churrería que conocemos junto a la acera, donde pudimos aparcar. Y cenamos un delicioso bocadillo de lomo y pimientos, que a mi me recordó a aquellos de San Sebastián, y hablamos de su trabajo. Regresamos a casa, pactando lo que ibamos a hacer, yo quiero desconectar dijo ver algo de tele, pues yo entonces leo algo, pero al llegar los vecinos tenían fiesta en la terraza y le dije cambio de planes nos subimos a tomar un helado arriba, encendí unas velas y así con música de fondo nos quedamos mirando la noche estrellada y pensé que suerte de noche todo nos sale bien.

jueves, 31 de julio de 2008

Contando palabras

Lo reconozco no estoy educando igual a la pequeña que a la mayor, no juego con ella de la misma manera ni tenemos las mismas rutinas. Y hoy mientras buscaba dietas astringentes en una enciclopedia sobre el cuidado de niños caí en la cuenta. "A los 18 meses decía debería tener entorno a a 30 palabras". ¿tantas? me he puesto a hacer inventario de las que recuerdo haber oído a la nena, y son sólo unas 15: agua, mama, papa, tata, yaya, tana (la perra), pepe, patata... además de las onomatopéyicas como "cuá" del estilo.
Pero en fin estoy segura que dentro, aguardando tiene muchas más, porque hoy mismo sin ir más lejos estaba comiendo se le ha caído un trocito de jamón york y se ha levantado ha ido directa a la cocina y sin decir nada ha abierto el armario y ha tirado el trocito en el cubito de la orgánica, y yo que estaba mirándola de reojo me he quedado boquiabierta.
Ayer también fue divertido, porque se sentó en el taburete del piano y se puso a aporrearlo con ganas y no contenta con ello movía también la cintura, todavía me hace reír al recordarlo. O como el otro día que la mayor de vez en cuando me pregunta como se escribe una letra y yo se la dibujo en el aire y dice ah vale, y a la que me giro veo a la pequeña con el índice trazando círculos también.
Pero de las cosas que más gracia me hace es cuando se pone expresiva, por ejemplo le pregunto está calentito y ella abre mucho los ojos y separa los deditos de las manos mientras hace una mueca con la boca, sabe que me hace gracia igual que cuando sale de la piscina y le digo venga que hace frío corre a la toalla. Me encanta ver como se acurruca entre mis brazos.
Y cuando las veo juntas me digo, bueno es cierto, no juegas de la misma manera con ella, pero tiene otros estímulos acaso mejores.

viernes, 25 de julio de 2008

Déjame que te cuente

Hoy has comido los macarrones de la abuela, te hemos llevado de paseo por el Pueblo Español, has escuchado nuestras risas mientras nos probábamos sombreros de rafia, aunque al final tu mami se haya quedado con la gorra azul celeste con letras blancas, has estado en una exposición de arte, quién sabe si te han llegado las endorfinas que mamá ha producido mientras veía cuadros y esculturas, has probado un cacaolat frío y luego un helado de straciatella, mamá estaba golosa. Luego de nuevo nos has oído hablar, de la tienda de los abanicos, de la del macramé, de la de los juguetes hechos a mano, de la de madera, de la de las máscaras venecianas. Lo hemos pasado bien, sentados en el mirador apenas un par de fotos con el móvil.
Luego en la terraza del MNAC has probado una coca-cola, y has sentido el fresquito de una lluvia de verano que apenas ha durado cinco minutos pero que ha hecho que de pronto todos nos pusiéramos a cubierto bajo los parasoles. Y desde allí mientras atardecía tu papá ha visto por vez primera las fuentes de Montjuich. Tu abuelo nos llevaba muchas veces a verlas, y casi siempre volvíamos de aquellas salidas con nuestros collares fosforescentes que se veían en la oscuridad, así que tu también vendrás a verla todas las veces que vengas a Barcelona.
Y si, hoy te he visto, por vez primera, fugaz en blanco y negro. Tu perfil, tu barbilla: brillabas como una lucecita en un inmenso universo negro. Que bonita se te ve. Crece sigue creciendo, disfruta del cálido vientre de mamá, de esas voces que tanto te cantan, de las caricias del sol y del dulce vaivén de esas olas que su caminar te mecen. Duerme y sueña que te espera un mundo entero, mi pequeña Sofía.

miércoles, 23 de julio de 2008

Violeta y Cristina

La foto era sorprendente, dos niñas habían muerto ahogadas y sus cuerpos yacían en la playa ocultos por toallas, detrás una pareja sentada parece dispuesta a pasar el día de playa. Era tan triste la imagen que no me conformé con la reseña.
Buscando en la prensa italiana más detalles he encontrado el blog de un cardenal, Sepe, de la iglesia de Nápoles, que explica la historia con más detalle, eran primas y de etnia gitana, vendían baratijas por la playa, se dieron un baño la pequeña de 12 años empezó a tener dificultades y su prima fue en su auxilio. Las dos se ahogaron. La foto que tiene en el blog corrobora la otra, mientras se llevan el ataúd gente tomando el sol en unas hamacas de color verde.
El post habla de la indiferencia, pero a mi me parece que hay mucho más que eso, me parece un delito, la omisión del deber de socorro, nadie, nadie en esa playa fue capaz de echarse al agua para tratar de ayudarlas. ¿Nadie las vio en dificultades? Y si así fue, como puede uno después de presenciar algo tan triste cerrar los ojos y tomar el sol.

Tengo fe en el ser humano, aunque a veces sinceramente viendo cosas así se quiebra.

martes, 22 de julio de 2008

Sólo una galería más del alma

Por aquel entonces cuando escribía en la galería, de techos altos y muchos ventanales como tantas otras del Eixample, en las calurosas noches de verano solía abrir las ventanas pero siempre dejaba echadas las cortinas, la mayoría de las veces apenas entraba una suave brisa que olía a mar, pero algunas era tan osado el viento que hinchaba las cortinas blancas hasta convertirlas en velas, y sólo entonces aquella galería dejaba de serlo para convertirse en un barco que empujaba mi imaginación mar adentro.
A veces me asomaba a la ventana para ver las luces de las otras casas, había una que me gustaba especialmente porque cuando, me imaginaba yo que tenían invitados, ponían cuatro o cinco velitas naranjas en su balcón, era dulce de ver.
Por aquel entonces a ratos me imaginaba como iba a ser mi vida luego, como sería mi casa, donde estaría con quién iba a compartir mi día a día, mi más profundos anhelos vitales, quién arrancaría todas aquellas sonrisas dormidas. No es que la vida de aquel entonces no mereciera ser disfrutada pero a los veintitantos, recuerdo unos cuantos años apáticos de estancamiento, hoy los llamo de necesaria transición.
Aprendí duras lecciones, una de ellas es que no se debe trivializar lo sublime, que no se debe jugar con los sentimientos que tal vez lo que empieza con una discusión tonta acaba siendo luego irreversible, la siguiente es una consecuencia de la anterior, que podría resumirse en aquello de a lo hecho pecho, que no debemos aferrarnos al pasado, que hay un momento en la vida en que hay que pasar página, porque si no lo haces vivirás tu única vida malgastándola en algo inerte. Porque puedes proyectarte en el futuro, soñar hasta despierto en tu presente, pero el pasado se escapó ya de tus manos, y salvo que creas en el eterno retorno de nietzsche no puede volver a ti.
No lo sé. El caso es que hoy mientras conducía sola, porque las niñas iban el coche de su padre, de regreso a casa me sentía contenta. Si es cierto, podía haber escogido otras opciones, quién sabe a donde me hubieran llevado pero escogí esta.

Y pienso en aquel barco de velas que surcaba bajo noches estrelladas la estela de su destino ignoto y sonrio al ver donde echó su ancla.

Si soy yo


Ese día iba a comer a casa de mi madre me hizo gracia encontrármelo así de pronto. Llevaba la cámara en el bolso y no pude resistirme a la tentación.
Invita a pensar.

El peso de una mentira

               Cuando su hija tuvo que irse precipitadamente no se llevó nada, ni siquiera un cambio de ropa interior, pues antes de marchar...