martes, 7 de noviembre de 2023

Noviembre interesante



    Estoy lectora más que escritora, esto va por temporadas. No sé el motivo preciso, 

porque en mi bolso casi siempre llevo una libreta, un boli, además de un libro.

A veces solo tengo ganas de escribir, me divierto captando sensaciones, imaginar 

situaciones, diálogos, pero otras solo quiero escuchar, sorprenderme, aprender.

Entre los libros que me han gustado mucho está el de Hábitos Atómicos. 


    Cabe apuntar que este tipo de libros es el que me suele descubrir mi hija mayor.

Hubo una temporada que cada libro que se leía me decía, "muy bueno mamá 

este libro que estoy leyendo, tienes que leértelo, pero claro luego los devolvía a 

la biblio y no lo hacía, pero éste se lo compró, y ya no hubo excusa. Y  solo 

puedo decir que fue una suerte porque lo he disfrutado y recomendado, mucho.

Esa forma de analizar como hacemos las cosas y la fórmula para mejorar, o crear, 

ojo al dato, nuevos hábitos.


    En cambio ahora estoy con uno de Rosa Montero, que trata sobre las mentes 

creativas, tiene muchas anécdotas y curiosidades, como la del malogrado teórico

de las casualidades. Me encanta constatar por mi misma, hechos que ya antes 

alguien no solo los tuvo en cuenta, sino que hasta elaboró una teoría y no le 

pareció absurda al propio Einstein.  Que cierto parece el dicho, a veces, de que 

está todo inventado, casi todo...


¿Pero solo voy a recomendar lecturas hoy? No, hoy vengo a deciros que voy a 

volver a la escritura, en breve, porque tengo ganas de sumergirme en una 

comedia de enredos, que me haga sonreír al escribirla. La trama la he comentado 

con unas amigas y les ha parecido muy interesante, "es la película que querría 

ver", dijo entusiasmada una de ellas. Así que aquí estoy, calentando en el 

banquillo, a punto de empezar.

miércoles, 6 de septiembre de 2023

Imposible es solo lo que no intentas

Esa es la frase de la agenda de este año. Me pareció un recordatorio útil sobre los proyectos y sueños que vamos acumulando un año tras otro.
Llevo una semana buena, estamos haciendo cosas que no solemos. El lunes fuimos a comprar un chubasquero para la moto, no le gustó ninguno los encontraba muy pequeños para ponerlo encima de la ropa en un supuesto de lluvia improvisada, así que fuimos a tomar algo, y lo que empezó con un café con leche, acabó con una tapa de ensaladilla rusa premiada, tal que así:






 De hecho, con la ensaladilla tengo yo e imagino que a alguno más le pasa, una conexión de tipo emocional afectivo, siempre la comparo con la que hacía mi madre. Esta sinceramente no me pareció mejor, pero debo reconocer que con el bonito y la mayonesa con el matiz del de ajo estaba muy rica, melosa,  la patata y zanahoria en su punto me recordó bastante a la suya.

A la que se añadió unos huevos con ibérico, para mi acompañante, el carnívoro social (por aquello de que solo come carne fuera de casa). Me resultó curioso eso de que la camarera al servirlos se dedicara a abrirles las yemas.



Y finalmente el broche a la merienda-cena improvisada, eran las 20h. y estábamos solos dentro, fue una tarta de queso con mermelada de higos compartida, que estuvo deliciosa y cremosa.





Rico todo, así que seguramente volveremos, además los camareros jóvenes y simpáticos tenían buen ambiente entre ellos.

lunes, 4 de septiembre de 2023

Septiembre, de vuelta al blog

El sábado tras ver la peli del Exorcista del Papa, bastante floja y previsible por cierto, resulta que tuve pesadillas, algo que por suerte no suelo tener. Tal vez por eso y por algún diálogo de la película  ayer por la noche pensé mira igual lo de las oraciones va bien, venga reza. La que mejor te sepas, bueno pues la del ángel de la guarda mismo.

Lo curioso fue que estando a media oración nuestra perra se puso a ladrar, de la misma manera que lo haría si viera entrar a alguien en la habitación. Dije bueno no pasa nada, estás rezando ¿no? estás invocando y ha venido. Pero hoy al comentarlo en casa, mi hija pequeña dijo sí, sí yo también escuché el ladrido.

Todos tenemos un ángel de la guarda y un arcángel asignado según el día en el que nacimos. Quizá sea bueno encomendarnos a ellos de vez en cuando.

Un abrazo y me alegro de que te pases por aquí, pocos pero fieles, como los buenos amigos.


lunes, 21 de noviembre de 2022

Los jueves anti-rutina

 Creo que fue la pequeña, pero no estoy muy segura, la que se inventó lo de los jueves anti-rutina, era muy menuda y hacía mucha gracia escucharla con sus ricitos y su modo de hablar resuelto y risueño. Supongo que fue una forma creativa de salirse con la suya, porque básicamente era ir a comer fuera ese día entre semana y volver al cole por la tarde. Pero como nos gustó la idea la incorporamos a nuestras semanas. Hasta que fueron creciendo, fueron cambiando de cole, de instituto y en fin, como pasa todo, que nada permanece sino que se transforma, también aquel jueves especial, ese jueves infantil de capricho, también ese, se diluyó entre el resto de laborables. Y ya casi no lo recordábamos, hasta que la semana pasada, ella con su pelo liso, tan alta ya o más que yo, me dijo de esa manera un poco cantarina de cuando quiere pedir algo, ¿oye podríamos hacer un jueves anti-rutina, no? 

Qué feliz me hizo. Las tres de nuevo, me reí mucho.



jueves, 27 de octubre de 2022

Y si el mundo se acaba, tu vendrías verdad



 Hoy jueves ha sido un día atípico. He vuelto a ver a mis primas, las que se han mudado junto sus parejas a una casa grande con jardín y piscina. Las echo mucho de menos y me pasa a menudo cuando paso en coche por delante de su antiguo barrio. Así que por fin hoy hemos quedado a hacer un café. Las he visto contentas, me han enseñado un video de como van las reformas, he visto una cocina blanca, de estilo provenzal, un parquet gris con vetas, las puertas dobles del salón, con cristal arriba para dejar pasar la luz y como se lo están haciendo igual, pues les va a quedar muy bonito a las dos. Nos hemos estado casi una hora larga y se nos ha hecho corto, porque hacía tantos meses que no hablábamos que había mucho de lo que ponerse al día.

Luego he comido con mi hija pequeña porque la mayor se fue a la bolera con amigos de la Facultad. Después me he ido a comprar la buganvilla de dos tonos, rojo y fucsia, que cada día me miraba esperando que fuera a por ella y la he dejado en la entrada para verla mucho.


Y después he subido a la perreta a la terraza y me ha dado por mirar en el trocito de tierra, junto al rosal para ver si tenía sorpresa, y sí las flores del azafrán ya se habían abierto. Qué olorcito y sobre todo que bonitas son con ese color lila encendido. Me he ido contenta a acompañarla a la hípica. La tarde estaba espectacular, buena temperatura, el cielo limpio de nubes, los pájaros trinaban y yo encontré un rincón agradable donde sentarme a escribir, qué, pues todo lo bueno que había tenido este día, para que así cuando un día lo relea sea capaz de rememorarlo.

El otro día estuve a punto de tirar unas agendas, eran muy grandes de cuando trabajé en la inmobiliaria, pero de pronto fue abrirla leer un par de días, explicaban solo una cena, o un plan de tarde, o el relato de una ducha reveladora donde cada gota era una idea y me quedé estupefacta, ostras así era mi vida. Y solo entonces comprendí la verdadera importancia de los detalles, no es que sean importantes, es que son los hilos con los que se teje la vida. La vida es esa broma  de ayer que te hace reír, a modo de despedida, "y recuerda hija papá bueno, mamá mala" porque no le he dejado ir con unos pantalones determinados al cole. La vida es esa anécdota que viajó a través del tiempo. La vida es esa foto que te envían que te recuerda quién eres. La vida también es el recuerdo de aquellas dos únicas series que veías, o  lo que cenasteis una noche cualquiera...

Como hoy, que justo ahora me acaba de traer mi cuñada unos boniatos asados que ha hecho María, la abuela de las nenas, con ese regusto dulce me despido hoy.


lunes, 10 de octubre de 2022

El adn y otras cosas sin importancia

 Me sorprendió una noticia. Un hombre falleció repentinamente, parece que de un infarto fulminante tanto que no tuvo tiempo ni de beberse la copa de vino que se acaba de pedir, tenía 66 años y después de leer su historia me pareció  que su muerte acabó siendo un reflejo de lo que fue un poco su vida, unos genes que él siempre mantuvo que eran de un rey pero que solo le procuraron una vida apartada, rural, siendo adoptado por una familia de payeses catalanes. Se llamaba Albert Solà.

Y  lo que realmente me ha parecido alucinante y esperpéntico es que a pesar de reivindicar que su padre era el rey Juan Carlos, los tribunales no le permitieron solicitar una prueba de adn que lo confirmase. Pero entonces en un giro de guión otra persona, una mujer de Bélgica que también se considera hija también del otrora rey de España, se hace una prueba genética que confirma que ambos, son medio hermanos.

Así que vemos por un lado que seguimos en una sociedad poco democrática y un tanto medievalista, porque el heredero debe ser el legítimo, se ignora a los que nacieron fuera del matrimonio, a pesar de que sean hijos verdaderos. Y yo me pregunto en base a qué, si la monarquía precisamente tiene su razón de ser, precisamente en el derecho que otorga la sangre y es siempre la continuación de un linaje, de haber podido demostrarlo hubiera tenido, tenía derecho legítimo a la corona, por ser el primogénito. Muy claro debieron verlo para no permitirle demostrarlo. Razones de estado, obviamente. 

Pero hubiera estado bien reconocerlo, aunque a cambio renunciase a la corona o mejor aún que hubiésemos podido escoger sobre qué rey, hubiéramos preferido nos representase, que toque de modernidad habría sido eso. En cambio queda la realidad de un fallecimiento ensombrecida con una duda, las cámaras del bar se movieron justo una hora antes de que todo ocurriera. 

En fín que de ser cierto, el rey ha perdido a un hermano y su padre un hijo.

sábado, 20 de agosto de 2022

Un día perfecto de vacaciones

 Ha sido justo ahora que me he sentado a escribir, cuando he abierto el blog que me he dado cuenta de que también es día 20 hoy, como en la última entrada que escribí hace...cuatro meses. En fin menos mal que iba a escribir más a menudo, un post semanal y bla bla bla.

Lo cierto es que estoy leyendo más que escribiendo. Nada reseñable salvo una reciente adquisición que es tan agradable de leer que he creado hasta una rutina para ella, cuando atardece me acerco a la butaca esa del Ikea que tengo forrada de capas, como una colcha blanca doblada y una funda de cojín muy bonita como reposacabezas para desde allí ver el último rayo de sol naranja como asciende por la montaña hasta que es un hilo fino de oro y desaparece. Leer sobre libros, sobre dinastías egipcias, sobre como surgió una de las maravillas del mundo antiguo es como un placer añadido. Me resulta tan placentero que me da la sensación de estar charlando con una buena amiga, que te explica cosas interesantes, que a veces te sorprende, otras te hace sonreír. Y mientras ella me desvela secretos del mundo antiguo, la tarde se desvanece de puntillas sin hacer mucho ruido.

Pero hoy ha sido un día de esos de agosto, de piscina, de comer ensaladas ricas (una de tomate, mozzarella, albahaca y olivas negras otra de endibias con vinagre de módena y sal gorda) y pasta fresca y melón fresquito, de partidita de chess con el café, de peli que empieza bien y acabas desde el sofá con una siesta y ahora que tocaba leer un  ratito pues justo ahora eché de menos ser yo la que pusiera las palabras a los pensamientos, a las sensaciones, a los hechos. 

El peso de una mentira

               Cuando su hija tuvo que irse precipitadamente no se llevó nada, ni siquiera un cambio de ropa interior, pues antes de marchar...