jueves, 5 de junio de 2014

Mediterráneo


Esta foto me encanta. La hice desde el velero que alquilamos para navegar este domingo.
El tiempo transcurre de otra manera cuando estás en el mar. El cielo estaba precioso y como había llovido la tarde anterior se veía con mucha claridad todo el perfil del litoral. Y cuando veo la montaña de Montjuïch desde el mar me imagino como debía ser cuando era una isla y la costa estaba kilómetros más allá.
El mar es increíble. 

lunes, 7 de abril de 2014

Amor y Gracias

2018.

Querido Año, 2018:

Espero de ti grandes cosas. Me gustaría empezar otra novela, porque la anterior aunque está acabada no hago más que encontrarle fallos, así que a lo mejor si empiezo otra puedo verter en ella, todo lo que me faltó en la anterior. No sé el tema, ya se irá viendo, lo que importa es que salga de dentro. Decía hace poco un autor que no hacía auto ficción, porque ya le llegaba para pagarse un psicoanálisis. Otro sin embargo, un guaperas que por cierto se da mucha retirada a mi cuñado canario, se está ganando la vida precisamente por escribir sus memorias, lo que me hace sospechar que a más de una le interesa saber más de un tipo guapo y fornido que de un enclenque, qué le vamos a hacer.
Este año voy a seguir con los buenos propósitos del año anterior, que dos veces hice el reto de las seis semanas para ponerse en forma y que concreté uno ganando la magnífica camiseta sin mangas que lo acreditaba. La verdad es que me costó bastante, por eso cuando lo conseguí estuve como dos semanas sin pisarlo. No baje de peso significativamente, pero alguna reorganización a nivel muscular si debe haber habido, porque esta navidad me probé un traje de pata de gallo, que conservo de hace una década, y entraba en él.
De todos modos sienta muy bien el acudir con cierta asiduidad al gimnasio, porque de alguna manera te hace ser más consciente de que también somos un cuerpo, y también hay que cuidarlo. 
Cuanto al tiempo, espero saber como administrarlo. Esta mañana mientras tomaba café vi un episodio de Friends,  me gustó volver a verlo, porque esos apartamentos atiborrados de cosas, de estantes de comidas están mas cerca de la realidad que las casas de cocinas industriales impolutas. Me ha gustado ver los estilismos, los colores, los detalles como el marco en la mirilla, y la pizarra de plástico para escribir tras la otra. Los noventa eran así, prácticos, divertidos, llenos de amigos con los que compartir.
Creo que esa serie para un adolescente de hoy será como ver una serie de alienígenas que se comunicaban solo oralmente, nunca llaman, nunca escriben wsp, ni están enganchados a ninguna red social, no se hacen selfies cada dos por tres. A mi la tecnología no me asusta, creo es bueno avanzar, pero no por ello no puedo evitar sentir nostalgia por aquel tipo de relaciones, aquel tipo de salidas, en los que todos estábamos por todos, y ningún otro. Hoy la gente en los bares siempre están mirando los teléfonos, o caminan en la calle con uno en la mano. Y hay algo insano en ello.
Tener toda la información a nuestro alcance, hay que preguntarlo, ¿nos está haciendo mejores personas, más capacitadas, más motivadas?  
El otro día una amiga me decía que era la única amiga que se le había quejado por enviar un mensaje de felicitación especial a las amigas. Pues sí, me quejo. Prefiero una frase, un par de palabras escritas para mí, que algo que reenvías que ni siquiera tú sabes quien ha escrito. Que le pasa a todo el mundo, que ya no saben escribir por si mismos, que en ese afán de felicitar a todos tienen que reenviar las mismas imágenes, los mismos gifs, los mismos deseos estereotipados para todo el mundo. No, yo no quiero eso, yo quiero pensar en ti cuando escribo, y que tú hagas igual conmigo.
Por eso, esta mañana he aprovechado para actualizar una agenda, direcciones y teléfonos fijos, sí esos teléfonos que van pegados a un cable. Y eso ha sido a mi modo de ver una bonita forma de empezar el año, pensando en los amigos que tenemos, los que tuvimos y los que conservamos.
Quizá porque uno de esos nuevos ( y originales) propósitos es volver a escribir cartas. Sí, como antes. Recuperar la ilusión de encontrar una en el buzón.
Y de momento estos, que ya irán viniéndome más. Quiero un año creativo, intenso, viajero y alucinante. Por pedir, verdad, no vamos a quedarnos cortos. Pero sobretodo quiero un mundo mejor, un mundo de gente que lee, que quiere mejorar, que aprende cosas buenas, que respeta a sus congéneres. Y os deseo que tengáis un Año magnífico para todos vosotros. 





jueves, 13 de marzo de 2014

Mi alter ego

Mi alter ego se me parece un poco. Tiene el pelo rizado, los ojos grandes algo redondos, similar altura y corpulencia. Me gusta como habla, tiene cierto tono pausado que hace agradable el escucharla. Mi alter ego, también hizo su propio Erasmus, pero en otro país, y estudió Filología Hispánica.También tiene dos hijos, mi alter ego. Toma vino tinto, como yo algunas veces. Le gusta leer, y como no, mi alter ego, también sueña con escribir un día su propia novela. Cualquier día le propongo empecemos, cada una con la propia, porque está visto que con los alter egos, si uno no arranca el otro no empieza.
De todos modos he de confesar que me cae genial mi alter ego sobretodo cuando en un aparte, me dijo, qué nenas tienes, con ese punto de admiración contenida.

lunes, 10 de marzo de 2014

Germinadora

Así me llama mi pareja cuando me da por germinar semillas. La verdad es que empecé por curiosidad, leyendo un libro de recetas comentaba a propósito de los germinados. Busqué en internet, hablaba de paciencia, pero lo cierto es que no hace falta demasiada, humedad y oscuridad y enseguida rompen las semillas y echan brotes.
De hecho gracias a esas lecturas descubrí porque esa costumbre de poner en remojo las legumbres antes de cocinarlas, por lo visto eso permite romper una película que las envuelve que es difícil de digerir.
Y debo reconocer que se me da bien.Germiné de un hueso de níspero, uno de melocotón y otro de limón. De momento todo lo que he ido plantando en tierra ha ido prosperando. El árbolito que he puesto arriba, era solo una ramita hace un mes y ya tiene sus primeras hojas (todavía no sé si es limonero o melocotonero, pero la verdad es que me da lo mismo estaré contenta igual). La pequeña salvia moribunda, que creo ya expliqué en alguna ocasión planté por no tirarla, es ahora toda una señora mata que está floreciendo y no deja de extenderse.
El romero, que compré en una maceta pequeña y fui trasplantando sucesivamente a tiestos más grandes, parece que también está satisfecho en su rincón de jardín a pleno sol, y a su lado le he puesto un pequeño tallo de perejil. No hay que menospreciar el perejil, tiene mucha vitamina C, aunque no es conveniente si estás concibiendo porque puede ser abortivo.
 Esto de las plantas es espectacular.

jueves, 20 de febrero de 2014

El médico: imprescindible.

Qué peliculón. Hacía tiempo que no salía tan contenta del cine.
Me gustó muchísimo, la ambientación, la trama, la interpretación que hacen todos. Y como si todo en si no fuera suficiente, el protagonista tiene una mirada, que invita a perderse. Vamos no se puede pedir más a un miércoles de cine.Os la recomiendo.

miércoles, 19 de febrero de 2014

La vuelta


Hace días que quería pasarme por aquí así que no se me ocurre mejor manera que con una foto de mis nuevas plantitas. Aunque lo cierto es que las he tenido que meter dentro de casa porque todavía hace frío para ellas en la ventana.
Esta semana estoy cinéfila, dentro de nuestras posibilidades se entiende, ayer fui a la biblio y cogí unas cuantas películas, la primera una española Una palabra tuya. La verdad me gustó mucho, no sé si porque hacía mucho que no veía una, española se entiende, o por la calidad de los diálogos o la frescura de la interpretación. También cogí, una franco-canadiense, una japonesa y una para practicar inglés. Jose al ver el elenco se limitó a hacer una sonrisa un tanto escéptica, pero al acabarla también reconoció que le había gustado.
Esta noche me voy al cine, con dos amigas. Iremos a ver la del Médico. Creo que es una buena película para ver allí.
Mañana os cuento, para los que estéis por aquí. 

jueves, 4 de julio de 2013

Julio

Lo cierto es que Junio ha pasado volando, entre finales de curso, festivales, exhibiciones y notas.
Julio pensé que sería algo más relajado, pero yo no sé que facilidad tengo para liarme con cosas. Decidí que debía pintar el salón, que era necesario, pero no acabamos de encontrar el color que agrade a todos pinté dos paredes la de la chimenea y la contigua de un color, difícil de describir de noche se ve rosado de día arenoso, pero la de al lado la he pintado de color ocre que a mi modo de ver queda genial, sobretodo cuando es de día porque de noche se ve un poco amarillo fuerte. Y mi hija me dijo que una vale pero que no pintase el resto de ese color. Total que ahora creo que bajaré a comprar un color verde kaki muy claro, o hueso para el resto. Es entretenido esto de pintar, que si la cinta que si el rodillo que si ahora esto con el pincel. Y lo cierto es que a pesar de los inconvenientes siempre acaba pareciendo mejor de como estaba antes.
 
Esta tarde fuimos, mi madre y yo, a ver a mi tía María. Hoy fue de los días en que la he visto peor, porque a pesar de estar tranquila, en realidad los nombres no le decían nada. No reconocía a mi madre, ni por supuesto a mi, ni le decía nada el nombre de mi hermana. Pero ella estaba con nosotras en la terraza escuchando, a veces haciendo aportaciones a su manera. Con una servilleta muy doblada en una mano. Solo su rostro le hacía parecer ella, cuando se acercaba su hija, o su nieta y les preguntaba algo.
 El otro día también estaba un poco igual, estábamos merendando y se gira y un chispazo de lucidez me brindó una sonrisa y la alegría de verme, pero luego la conversación era incapaz de seguirla, y solo volvió a ser ella, en un gesto, cuando se puso a doblar una manta encima del sofá, la estiró y la remetió con cuidado. Es como si sus manos guardaran una memoria propia, como cuando eres capaz de tocar una partitura pero ya no sabes leer los acordes más complicados,  sin embargo la música fluye y es porque los dedos guardan el recuerdo de la posición.
 
 Mis primas están agotadas física y mentalmente, desbordadas por la situación. Y sin embargo al menos son dos, para repartirse el horario y siempre hay gente con ellas, sus nietas y sus novios. Hoy precisamente venían de informarse para un centro de día. Decían voz alta porque hay que ir al colegio para que no se le olvide leer, el médico lo ha dicho. Y ella fruncía los labios y estaba seria. Mi tía María, la tía más divertida, la que siempre nos regalaba en las fiestas de Navidad, su imitación de Sara Montiel, en aquella canción de fumar es un placer. Hoy ya no se acordaba de su hermana pequeña, pero al nombrarla como solían dijo, bueno ahora no me viene pero sé que era buena conmigo.
 
Como mi tía cuantas otras personas se están diluyendo en la incomprensión del entorno, que sumamente extraño y aterrador poder ver y no comprender lo que se ve. Y sin embargo quiero pensar que cualquier día de estos, un equipo de investigadores en algún lugar, va a encontrar el modo de frenarlo, que será posible recuperar de nuevo, poco a poco todo lo perdido, si un poco igual como cuando pintamos una pared, de nuevo, de un bonito color.

El peso de una mentira

               Cuando su hija tuvo que irse precipitadamente no se llevó nada, ni siquiera un cambio de ropa interior, pues antes de marchar...