lunes, 16 de marzo de 2009

El viento

Le aterraba el viento. Cuando soplaba fuerte, se escondía, se acurrucaba no quería salir. En cambio disfrutaba sacando la cabeza cuando iba en coche, pero ese era otro tipo de aire ese lo creaba la velocidad, el otro era incontrolable. Sentía pánico por los días de viento, acaso intuía que uno de esos días vendrían a buscarle.
No hablaré bien de él sólo porque esté muerto, odio esos discursos que alaban al que se ha ido y les atribuyen más virtudes de las en vida tuvieron. Me molesta indeciblemente, como si por el sólo hecho de estar muerto ya fuesen más buenos.
Él si era una buena persona, condescendiente con los más débiles, paciente con nosotros, tenía un porte elegante y noble como su alma. Sabía escuchar y sabía estar a tu lado cuando sentía que lo necesitabas y encontraba siempre el modo de acompañarte sin molestar. Disfrutaba de la vida familiar, como el que más. Siempre era el primero en acudir a todos, dispuesto a la fiesta. Era cálido en el trato y al mismo tiempo era fuerte y protector si la situación lo requería. Le encantaba el sol, los paseos por Montjuich, o sentarse en una terraza de la Gran Vía, siempre sabía sacar el lado bueno de la vida. Lo veías en esa forma de mirar, de hacerte broma, su chispa, su dulzura, esa alegría siempre renovada y vital cuando te veía, aunque también a veces se mostrara pensativo, pero entonces no era melancolía, más bien tenía un aire filosófico.
Lo sigo echando de menos. Mis manos siguen recordando el tacto suave de su pelaje, la forma que tenía de saludar, poniendo su pata encima de mi rodilla, el tono de sus ladridos. Y sigo todavía hoy, que han pasado tantos años, recordándolo los días de mucho viento. Le digo no temas, no hay nada que temer, estoy aquí contigo, y él se refugia entre mis pies, se acurruca mientras escribo esto. Recuerdo como lo encontré tirado en el balcón, todavía conservaba calor su cuerpo, como traté de despertarlo con suavidad, luego llorando, despierta le dije, despierta. Pero hacía viento, ese viento que él siempre intuyó vendría a buscarle y me dio infinita pena pensar que había muerto, solo, mirando a ver si llegábamos.
Y qué importa que fuera un perro, fue antes que eso, mucho más que eso, fue un buen amigo.

viernes, 13 de marzo de 2009

La ocasión

La miró como si de pronto no la escuchara, con la mirada absorta, entretenida en un punto indefinido de sus ojos o de su pelo, como si aguardara algo inesperado, que se saliera del guión, imprevisible, fugaz, tangible y liviano, si eso es, un gesto audaz e impropio que ninguno de ellos se hubiera atrevido a someter a juicio o valoración, porque en aquel preciso momento era como si todo fuera posible. La potencialidad en un sólo segundo. Pero ella volvió a preguntar y al responder le obligó a tomar tierra a su mirada, terminando la frase y con ella, de pronto, se cerró la grieta espacio-tiempo, _por la que fácilmente se hubieran podido colar para entrar en un mundo paralelo de los de Einstein_ y los dos confusos y aliviados tomaron aire, por separado, discretamente.

jueves, 12 de marzo de 2009

Escalivada, Tumbet, Mussaka, Parmiggiana

Que tienen en común estos cuatro platos que me encantan. Pues si la berenjena, ultimamente se ha convertido en mi favorita. Me encanta su sabor.
Sin embargo me paso algo curioso el otro día la probé rellena de bacalao y gratinada al horno. Estaba bien pero la tengo tan asociada al relleno de carne que a cada bocado el paladar se sorprendía del sabor, como si la mente esperase otro gusto y siempre se plantease ¿esto está bueno? e inmediatamente la respuesta ...si es que es bacalao. Era gracioso porque yo seguía con la conversación, pero al mismo tiempo mi cerebro se ocupaba de que no estuviese ingiriendo algo que me pudiera perjudicar. Fue algo realmente curioso.
El caso es que algo tan sencillo como unas berenjenas rebozadas en huevo, las encuentro muy apetitosas. Hace unos años descubrí que ese sabor amargo que a veces tienen es nada menos que nicotina, por eso resulta conveniente antes de cocinarlas, espolvorearlas con sal para que la expulsen.
En fin hoy la entrada salió con forma de sugerencia culinaria.

lunes, 9 de marzo de 2009

La educación en la felicidad

Mi hija de cinco años suelta el micrófono del karaoke con el que está jugando cuando oye la palabra deberes, se disculpa con rapidez ante su padre, “lo siento papa pero es que tengo que hacer deberes”. Para ella es algo importante, divertido, excitante. El otro día protestaba “¿Dónde están mis deberes, si no los hago no voy a ir a la facultad de mayor!” a mi me hace mucha gracia, a veces tiene salidas a lo Mafalda.
No creo que sepa lo que es la facultad, a sus cinco años, pero sabe que su mamá fue y le suena divertido así que ella misma se hace la reflexión. Sus deberes ni que decir tiene, no son del colegio, le compré un cuaderno de escritura y en él alguna tarde hace vocales, o relaciona dibujos con sus nombres. Y luego si lo hace bien le pongo un muy bien, y ella se muestra satisfecha. Creo que porque es un momento en que su hermana pequeña no cuenta, sólo estamos ella y yo juntas en la mesa. Estoy encantada con esa actitud suya. Uno puede ser más o menos inteligente, pero lo único realmente importante no es esa capacidad innata para adquirir conocimientos, a mi modo de ver lo único imprescindible para que un niño tenga un apacible desarrollo intelectual es la correcta motivación, que no es otra cosa que una actitud receptiva para aprender.
Y es que más importante que acumular conocimientos, creo que educar, es dar unos valores de referencia y pautas para que por si mismo aprenda a vivir siendo feliz. Por eso siempre he tratado de llevarlas al cole, con una actitud alegre, no se va al cole por obligación sino por diversión porque allí estás con tus amigos y además…aprendes cosas. Una de mis canciones (inventadas, he descubierto que van muy bien) es la de “Vamos a ir al cole, para aprender, muchas cosas nuevas, me lo paso bien, hay muchos amigos con los que jugar, salto, río y corro ..lo paso genial!"
Y si explico todo esto es porque encontré aterrador un artículo, excelente por cierto, sobre la competitiva sociedad nipona, donde hasta a los párvulos se les selecciona y a los niños se les presiona para que obtengan los mejores resultados posibles. En fin a lo mejor suena extraño, pero no querría que mis hijas fuesen las más inteligentes, me bastaría que fuesen las más felices y que aprender sea algo positivo y enriquecedor para ellas.

El otro día, me puse a leer desde la cama, hacía años que no lo hacía. Ella me abrazaba por la espalda y me decía ¿qué haces mama, leer, pero sin hablar?, claro hija leo con los ojos y con la mente, aaahhhh. Debía parecerle algo sumamente misterioso.
Tienen razón cuando dicen que los niños aprenden más de lo que haces, que de lo que dices. Sólo por eso merece la pena tratar de ser mejores cada día, un niño nos mira.

jueves, 5 de marzo de 2009

Estilo versus tema

Hay autores con los que uno establece una plácida y fecunda relación, por los que sientes un flechazo a primera línea, y de los que te haces incondicional, sabes que hagan lo que hagan difícilmente dejarán de gustarte porque simplemente te gusta como escriben o conectas con ellos.
Hay otros a los que tardas más en llegar. A mi me ha pasado con Vargas Llosas, lo reconozco, a pesar de saber que es un gran autor nunca por los motivos más dispares, he llegado a leer nada de su producción. Y sin embargo ahora llevo un mes de lo más entretenida escuchándolo comentar otros libros, gracias a un libro que hacía un montón de años que paciente aguardaba su momento, desde la pequeña biblioteca del cuarto del despacho.
Y aunque pueda parecer paradójico, porque es un libro de ensayo en el que analiza novelas y relatos de otros autores, es precisamente por su forma de describir, de desgranar los secretos de las tramas como me he dado cuenta que me gusta como escribe y me ha predispuesto favorablemente hacia sus propias novelas, a fin de comprobar de que modo resuelve sus propios personajes y desenlaces. Aunque también es cierto que si me está gustando tanto es porque entre novela y novela, entre los rasgos biográficos de unos y otros autores, él va dando su propia opinión sobre el mundo de la ficción en la novela y entre sus consejos hay uno que me ha llegado especialmente, en literatura no importa tanto la trama, el argumento como el estilo y la disposición. Un buen consejo.

El libro en cuestión, se titula “La verdad de las mentiras”, de Alfaguara.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Gracias Sr. Zapatero

En medio de tantas noticias económicas se agradece un poco de dispersión, hoy gracias a nuestro presidente al ir a abrir el correo me he echado a reír. Vaya tela con el lapsus, es de tierra trágame, pero divertidísimo donde los haya. En fin que nos va a venir muy bien para reforzar nuestras relaciones, ya te digo, que van a ver hordas de turistas en masa...
Por lo demás constato poco movimiento de comentarios, espero no estar aburriendo, todo menos eso...

El peso de una mentira

               Cuando su hija tuvo que irse precipitadamente no se llevó nada, ni siquiera un cambio de ropa interior, pues antes de marchar...