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Barcelona, Spain
Estudió en la Universidad de Barcelona. Ahora es madre a tiempo completo. Le encanta el café, la escritura, el cine, la fotografía, cuidar plantas y la buena compañía.

lunes, 12 de mayo de 2008

Habitaciones de hotel

Quizá te parezca absurdo, pero me gustan las habitaciones de hotel, su simplicidad, su practicidad, la elegancia que a mi me sugieren. Hay quién las considera frías e impersonales, pero a mi me basta con poner mi libro en la mesita, ver mi maleta y el neceser en el lavabo para sentirlas como mías. Reconozco que sólo hay una cosa que me da algo de tiricia encontrar en ellas: la moqueta. Me encanta fijarme en las cerámicas del lavabo, en la marca de la grifería, en el color de las puertas y en la calidad de los tejidos y si todo incluido, el mobiliario o la decoración, las eventuales pinturas hacen un todo armónico. Y seguramente me fijo en todo ello por el encanto que ejercen sobre mí las habitaciones de los hoteles, porque no suelo recordar esos mismos detalles de las casas de mis parientes o amigos. A veces por eso recuerdo con un punto de nostalgia cuando por trabajo teníamos que alojarnos fuera unos días
Cuando alguien elogia nuestro lavabo, siempre explico lo mismo, está inspirado en uno de un hotel de Lleida, era un hotel raro aquel, porque algunas plantas estaban reformadas y otras en cambio estaban sin actualizar, lo supimos porque no todos estuvimos alojados en las nuevas. A mi me tocó es obvio, una espléndida, un dormitorio amplio, con escritorio, con conexión a Internet (aunque tampoco llevaba portátil todo hay que decirse, así que recuerdo haberme puesto a escribir) y un lavabo en tonos beige que era como entrar en una gruta por el color de sus azulejos que parecían piedras, pero amable y luminosa merced a sus halógenos, y recuerdo como habían separado la zona del wc y bidet de la zona de la bañera por unas puertas interiores de madera correderas, que constituía su singularidad, y que finalmente no incorporamos nosotros por encarecer el tema pero que se transformaron en unos muretes altos, que al menos visualmente hacen el mismo efecto.
Recuerdo que tras la cortina la vista era tremendamente fea, porque se avistaba una gasolinera, así que debió gustarme mucho aquel hotel para que lo recordase a pesar del entorno.

En fin hoy el post salió viajero y no es por casualidad.

Un abrazo.