Ayer hablé por teléfono con una buena amiga, que no lo está pasando bien. Yo no suelo explicar mis problemas pero entiendo que hablar de ellos ayude. El caso es que entre toda aquella conversación salió una noticia triste, luctuosa, de una amiga suya. Yo ni siquiera la conocía, pero al decir su nombre recordé que siempre le comentaba en el facebook y sentí mucha pena. Una pena absurda porque ni siquiera la conocía.
Se murió de cáncer y solo tenía 35 años. Me dejó mal la noticia.
Hoy la busqué entre sus amigos y allí estaban sus fotos luminosas, vivaces, dulces. Hay quién no querría conservar su perfil, pero lo cierto es que es un sencillo homenaje a la persona, a lo que vieron sus ojos, a lo que comentó, a los amigos que tuvo.
Qué sumamente frágil es la vida y cuántas veces no sabemos valorarla.
viernes, 12 de diciembre de 2014
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