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Barcelona, Spain
Estudió en la Universidad de Barcelona. Ahora es madre a tiempo completo. Le encanta el café, la escritura, el cine, la fotografía, cuidar plantas y la buena compañía.

jueves, 4 de julio de 2013

Julio

Lo cierto es que Junio ha pasado volando, entre finales de curso, festivales, exhibiciones y notas.
Julio pensé que sería algo más relajado, pero yo no sé que facilidad tengo para liarme con cosas. Decidí que debía pintar el salón, que era necesario, pero no acabamos de encontrar el color que agrade a todos pinté dos paredes la de la chimenea y la contigua de un color, difícil de describir de noche se ve rosado de día arenoso, pero la de al lado la he pintado de color ocre que a mi modo de ver queda genial, sobretodo cuando es de día porque de noche se ve un poco amarillo fuerte. Y mi hija me dijo que una vale pero que no pintase el resto de ese color. Total que ahora creo que bajaré a comprar un color verde kaki muy claro, o hueso para el resto. Es entretenido esto de pintar, que si la cinta que si el rodillo que si ahora esto con el pincel. Y lo cierto es que a pesar de los inconvenientes siempre acaba pareciendo mejor de como estaba antes.
 
Esta tarde fuimos, mi madre y yo, a ver a mi tía María. Hoy fue de los días en que la he visto peor, porque a pesar de estar tranquila, en realidad los nombres no le decían nada. No reconocía a mi madre, ni por supuesto a mi, ni le decía nada el nombre de mi hermana. Pero ella estaba con nosotras en la terraza escuchando, a veces haciendo aportaciones a su manera. Con una servilleta muy doblada en una mano. Solo su rostro le hacía parecer ella, cuando se acercaba su hija, o su nieta y les preguntaba algo.
 El otro día también estaba un poco igual, estábamos merendando y se gira y un chispazo de lucidez me brindó una sonrisa y la alegría de verme, pero luego la conversación era incapaz de seguirla, y solo volvió a ser ella, en un gesto, cuando se puso a doblar una manta encima del sofá, la estiró y la remetió con cuidado. Es como si sus manos guardaran una memoria propia, como cuando eres capaz de tocar una partitura pero ya no sabes leer los acordes más complicados,  sin embargo la música fluye y es porque los dedos guardan el recuerdo de la posición.
 
 Mis primas están agotadas física y mentalmente, desbordadas por la situación. Y sin embargo al menos son dos, para repartirse el horario y siempre hay gente con ellas, sus nietas y sus novios. Hoy precisamente venían de informarse para un centro de día. Decían voz alta porque hay que ir al colegio para que no se le olvide leer, el médico lo ha dicho. Y ella fruncía los labios y estaba seria. Mi tía María, la tía más divertida, la que siempre nos regalaba en las fiestas de Navidad, su imitación de Sara Montiel, en aquella canción de fumar es un placer. Hoy ya no se acordaba de su hermana pequeña, pero al nombrarla como solían dijo, bueno ahora no me viene pero sé que era buena conmigo.
 
Como mi tía cuantas otras personas se están diluyendo en la incomprensión del entorno, que sumamente extraño y aterrador poder ver y no comprender lo que se ve. Y sin embargo quiero pensar que cualquier día de estos, un equipo de investigadores en algún lugar, va a encontrar el modo de frenarlo, que será posible recuperar de nuevo, poco a poco todo lo perdido, si un poco igual como cuando pintamos una pared, de nuevo, de un bonito color.