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Barcelona, Spain
Estudió en la Universidad de Barcelona. Ahora es madre a tiempo completo. Le encanta el café, la escritura, el cine, la fotografía, cuidar plantas y la buena compañía.

miércoles, 3 de junio de 2009

Accidente aéreo de Air France

Mueren cada día miles, cientos que digo deben contarse por millones las personas que abandonan este mundo cada día.
Y aunque me gustaría pensar que la mayor parte lo hacen porque les ha llegado su fin, el fin de una placentera o intensa vida por este mundo, sabios de experiencias y emociones, lo sé, la realidad es lamentablemente mucho más triste y mueren en muchísimo mayor número sin querer hacerlo, por enfermedades que algunas se curarán algún día, otras por no tener medios para acceder a las curas, otras a manos de personas que les siegan esa posibilidad de ser, perdiendo la única y frágil existencia que conocemos como vida humana.
Y todas esas miles, millones seguramente de personas que se mueren, lo hacen calladamente, de forma anónima salvo para el desconsuelo de sus propias familias, en el mejor de los casos. Cada día.
Pero si un día coges un avión, y te accidentas, te estrellas, te lanzan en picado hasta el mar, entonces no, entonces invertimos los términos, entonces a todos parece que debe importarnos todas y cada una de esas biografías que hasta el momento de subirse en el fatídico avión eran casi siempre vidas singulares y por supuesto anónimas.

La muerte no parece tener sentido cuando sobreviene a bebés, a niños a jóvenes o a personas que no estaban preparadas para morir, nos sobrecoge y nos trastorna. Nos resulta entonces antinatural, inhumana, ajena, tírana y caprichosa y ¿acaso pensamos que el saber, cotejar aquellas vidas pudiera darnos alguna pista oculta? algún motivo del porqué de pronto doscientas personas, sanas, que viajaban felices, _las biografías casi nunca indican lo contrario_, de un continente a otro dispuestas a proseguir con su periplo vital se ven privadas de la posibilidad de hacerlo.

En mi opinión los artículos de la prensa, póngamos el calificativo de seria, no deberían desbordarnos con esos datos biográficos, creo que deberían ser más mucho más objetivos, porque me parece que en el fondo sólo hay el ánimo de vender, todas esas pequeñas vidas, traficar con su recuerdo, en vez de ser rigurosos e investigar las causas, para que podamos decidir si es tan seguro viajar en avión como se predica.

De todos modos, mi sentido pésame a todas esas familias.

Tu otro cuerpo

Era viernes, estábamos acabando la clase, el sol desde la cristalera lateral inundaba de reflejos la piscina, sólo faltaban los estiramientos. Como siempre seguía atenta al profesor para ir siguiendo sus indicaciones, cuando advertí en su mirada una expresión de extrañeza y un leve matiz de fastidio a pesar que saludaba y acto seguido le lanzaba la pregunta ¿Tienes entreno?. Volteé el rostro con una curiosidad liviana, sólo un momento y sin querer tuve un gesto reflejo dos veces. Que vergüenza. Ese tipo de gestos que a veces he advertido desde el coche cuando un hombre caminando por la acera se gira dos veces a mirar una mujer guapa que acaba de pasar por su lado.
Fue como una alucinación extraña, los reflejos en el agua, pintaban la escena de dorados como en un sueño y al verlo allí de pie, su cuerpo, perfecto y musculado sin un ápice de exceso, los volúmenes justos, era simplemente eso, un cuerpo hermoso. Como debían ser los cuerpos de los adonis, como recordaba a aquel auriga de Delfos, con sus rizos sobre la frente.
Él nunca había tenido un cuerpo como áquel, sólo tenían en común la juventud, casi estoy segura, sin embargo al verlo, fue como si las neuronas hicieran una sinapsis escándalosa e impropia, si casi pude escuchar el chasquido y por ese instante me pareció plausible, que aquel cuerpo fuera el suyo.
Y yo a pesar del asombro seguía obediente con los estiramientos del antebrazo, con la muñeca sobre el gorro de silicona. Es imposible me decía, él ya no está aquí hace mucho que no le ves. Y mientras mi cuerpo se recuperaba del esfuerzo, inspiraba lentamente el aire para calmar el ritmo cardíaco, los pensamientos iban a la suya, cabalgando al galope un poco desbocados. Me concentré en la música. Respiré. Que tontería, he tenido algo así como deben ser los espejismos, los he confundido, he puesto el cuerpo de una persona en otra, pero que extraño corte y pega, y que bien, que bien le quedaba ese otro cuerpo.

martes, 2 de junio de 2009

Cosas de niños

Podría escribir muchas anécdotas de ellas. Basta con escucharlas un rato. Pero cuando no tenía hijos me prometí a mi misma que no sería una de esas madres/padres plastas que te agobian de tanto hablar de su progenie. El caso es que como hace tiempo que no explico nada, me permito la licencia.
Resulta que ayer mientras desayunábamos con los dibujos del Playhouse Disney, entre unos y otros una voz publicitaba...y vamos a celebrar el día del niño... El chiste fue ver su cara, entre atónita y alucinada, mirándome cómplice...cómo diciendo tú también has oido eso. Estaba radiante, ella que se quejaba de que sólo había día del padre y de la madre, y a sus reflexivos cinco años decía y se preguntaba en voz alta y de la hija cuando? eh?
Total que decidímos que pasaran un gran día del niño, comimos con los abuelos, las llevamos a saltar a las colchonetas y luego al parque con sus primos. Por la noche a la hora de la cena, la escuchaba decirle a su hermana, hoy ha sido mi día, el día del niño de 5 años, tuyo no...Yo desde la cocina me sonreía y aguantaba la risa, menos mal que a la peque parecía no importarle mucho, y prefería que la acompañase al "fufá".