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Barcelona, Spain
Estudió en la Universidad de Barcelona. Ahora es madre a tiempo completo. Le encanta el café, la escritura, el cine, la fotografía, cuidar plantas y la buena compañía.

viernes, 16 de enero de 2009

Las buenas intenciones

Creo en el matrimonio de la misma manera que creo en Dios, de una manera difusa. Quiero creer que es posible estar con una persona 20 o 30 años y seguir queriéndola, de la misma manera que querría creer que existe un Dios.
Pero no tengo certezas en un sentido u otro.
Mis padres se separaron cuando yo era una adolescente y agradecí el gesto la verdad y lamentando tan sólo que hubiesen tardado tanto en realizarlo. No crecí por tanto viendo relaciones armoniosas entre cónyuges. Por eso no tengo la visión idealizada de los cuentos se casaron y comieron perdices. Es más, muchas veces he pensado que el matrimonio, me parece un contrato absurdo y a ratos terrorífico.
Porque igual que no sería válido disponer de una herencia antes del fallecimiento de la persona, me parece ingenuo prometer cosas que no sabes si vas a poder cumplir en el momento que acontezcan: hasta que la muerte os separe, en la salud y en la enfermedad, fidelidad.
A no ser que esas frases en vez de ser tan vagas e imprecisas añadiesen más contenido. Soy fiel y constante, o creo serlo. Pero de ahí a decir para toda la vida. No lo sé.

Tal vez la gente que se casa no se lo plantea tanto, simplemente se casa, disfruta de la celebración, se va de vacaciones y no se cuestiona si llegará a cumplir o no lo pactado.. Pero aún me sorprende más las personas que persisten, que después de haberse casado una vez, lo hace otra, no es que aquella no iba en serio, ahora si, ahora si que lo prometo de veras. Pero entonces que clase de promesa es esa, vacía de contenido.
A mi no me gusta romper las promesas, por eso procuro no hacerlas. Eso no hace de mi peor persona, sólo una persona prudente que no quiere engañar a nadie. No sé si podría amar a una persona indefinidamente, y desde ese sincero punto de partida no digo un para siempre. A lo mejor cuando se casan, ya dan por hecho que no es posible saberlo, pero prefieren el autoengaño, o simplemente es sólo una declaración de buenas intenciones. En ese caso yo haría las mías propias añadiría: prometo hacerte feliz en la medida de mis posibilidades, en todos los ámbitos de la vida, prometo reconfortarte cuando pases un mal momento, prometo compartir tus éxitos y logros como si fuesen propios, prometo hacerte feliz, prometo mantenerme sana y tener hábitos saludables para que no ser una carga para ti, prometo estimularte para que seas el mejor en todo lo que hagas, prometo no aburrirte, prometo mantener mi espacio de intimidad y respetar el tuyo, prometo hablarte y prometo respetar los silencios, prometo tratar de entenderte. Y en la adversidad, y en la penuria, espero tener coraje para mantenerte a flote. Prometo que no me olvidaré nunca de ti, incluso si un día dejo de quererte, prometo ayudarte en lo que me necesites.
El caso es que todo esto, viene a propósito de un artículo que leí, sobre ciertos estudios que demostraban que existen personas que siguen sintiendo amor por sus parejas después de muchos años, dado que ciertas partes del cerebro reaccionaban cuando se les hacía pensar en ellas del mismo modo en que reaccionarían si estuviesen enamorados. Entonces pensé es posible, es posible un afecto constante y perdurable en el tiempo, no es una entelequia, ni una utopía, no es un sueño imposible, querer a una persona años y años. Y la foto mostraba a una pareja de edad, abrazados mientras caminaban, y decía los gestos de novios se conservan en ese tipo de parejas.
Y me hizo recordar aquella vez que fui a casa de una amiga, Eva, y sus padres que venían de dar un paseo en bicicleta se encerraron en la cocina para dejarnos tranquilas en el salón, la mirada cómplice y las sonrisas que se intercambiaban me impresionaron vivamente, se les notaba a gusto el uno con el otro. Me parecieron eso, simplemente una pareja de novios a mis ojos de adolescente.
En fin ya seguiremos con el manuale d'amore otro día, que me voy a la piscina un rato. Buen, y romántico, fin de semana para todos.

jueves, 15 de enero de 2009

Lejos muy lejos

Lo había planeado muchas veces en secreto. Cuando se angustiaba, cuando la situación le superaba cerraba los ojos y apretaba los puños y se veía metiendo un par de pantalones, unas camisas, las más nuevas, un jersey, un neceser blanco y siete mudas de ropa interior y una libreta dentro de la maleta verde de ruedas, el pasaporte junto a la cartera en el bolso. Iba al banco retiraba algo de dinero en efectivo. Y se veía llamando a un taxi para que la llevase al aeropuerto, porque no quería dejar el coche aparcado allí, ni que nadie luego tuviera que molestarse a recogerlo. Y entonces se acercaba al mostrador de una compañía aérea y sacaba un billete hacia un país lejano, eso si sin escalas. Quería subir en Barcelona y bajarse en algún sitio y ponerse las gafas de sol y empezar una nueva vida. Era la de "cojo la maleta y me voy"

A veces incorporaba variantes, a veces pensaba que antes de emprender el comienzo de su nueva vida debía vender sus pertenencias, y con todo ese dinero sería más fácil comenzar de nuevo. Esa era la segunda opción, escapada sin lastres, "la de quemar las naves", la del no retorno. Pero cuanto tiempo llevaría hacer todo eso, meses, quizá incluso años, demasiado tiempo.

La tercera opción era una variante de la primera, era salir corriendo pero dejar todos los pagos cubiertos por seis meses, meses ahorrando la hipoteca, y un fondo para que cubriera todos los eventuales pagos, los servicios de luz, teléfono y agua, en una cuenta que abriría a tal efecto para que su amiga se lo gestionara, podía confiar en ella. Esta variante era "me voy pero con los deberes hechos y si no me gusta vuelvo". Pero igual que la segunda tenía el inconveniente de que le llevaría mucho tiempo ahorrar todo ese dinero, y a costa de no pocas privaciones, total para qué, comprar su libertad de seis meses.

La primera la de salir con lo puesto era más arriesgada, el efectivo que tuviera en el banco y cuanto podía ser eso, poco quizá para vivir un mes o dos. Pero era la única que realmente le consolaba. La única respuesta que ella encontraba para una vida que de pronto había dejado de gustarle.
Mañana, mañana seguro hará un día espléndido de sol, el perfecto para irse de viaje.