Datos personales

Mi foto
Barcelona, Spain
Estudió en la Universidad de Barcelona. Ahora es madre a tiempo completo. Le encanta el café, la escritura, el cine, la fotografía, cuidar plantas y la buena compañía.

viernes, 18 de julio de 2008

Membrillo

Cortó un buen trozo y se lo llevó a la boca, le encantaba el contraste de sabores con el queso seco curado. La chica ya le advirtió que posiblemente fueran los últimos, porque la señora que se los hacía le había dicho que ya era mayor para tanto trajín. Y realmente lo saboreó. Era perfecto, su consistencia moderada, su punto exacto de dulzura, una pequeña obra de arte para el paladar, dentro de un molde de flan de aluminio. Cerró los ojos. No siempre le había gustado, de pequeña seguro que no. Pero había escuchado muchas veces la anécdota de su madre, y le encantaba aquello de la “carne de membrillo”. Creo que fue pasados los treinta que lo probó, no consiguió recordar cual fue la vez primera, quizá fuera en algún restaurante.
Y ahora cada vez que lo prueba, sigue sorprendida de ese sabor. Dulce y sutil. Lo haría ella, después de aquella cena, decidió que lo haría ella. No importaba cuan trabajoso fuera, ni las veces que debiera intentarlo ella se propuso hacer carne de membrillo, tal vez así llamado porque entonces no debían ver los filetes con la misma frecuencia que hoy se llevan a la mesa. Carne vegetal, eso es. La forma de salvar el mundo tenía forma de dulce, textura de filete y “grandes propiedades nutritivas”. Se lo acaba de inventar, bueno seguramente se dijo, y puso en la barra de google “propiedades nutritivas membrillo” oh, y lo descubrió todo de aquel apreciado fruto, el nombre del árbol de donde procede, la familia ilustre del mismo, nada menos que las rosáceas, que lujo. Que resulta imposible comer el fruto sin cocinarlo pero que es muy aromático. Y no debe ser casualidad que en Grecia los membrilleros se asociaran a la diosa del amor, Afrodita por considerarlo símbolo del amor y la fecundidad. Por dios que flechazo, sentía que se enamoraba apenas saberlo. Y aún hay más, reparó en que era costumbre que los recién casados tomasen uno antes de entrar en el lecho nupcial. ¿Por el potasio? Sospechó, porque descubrió que es pobre en nutrientes, salvo en ácido málico, que a pesar del nombre agorero es muy bueno para la salud, siguió tirando del hilo.

“El potasio es un mineral necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso y para la actividad muscular normal, interviene en el equilibrio de agua dentro y fuera de la célula.”

Eso lo explica todo, toma potasio que el músculo hará el resto, debe ser que así evitas los calambres, que con los nervios de la primera noche lo único que faltaba es un tirón inoportuno. Pero quiso contrastar la sospecha así que persevero de nuevo en Google, “propiedades afrodisiacas potasio”.

Se quedo con la segunda referencia, afrodisíacos veganos, en “ecosofía” suena bien. Vaya el membrillo brilla (chiste fácil) por su ausencia en la lista, cuanta injusticia pobrecito. Hablan de rúcula, plátanos, espárragos, zanahorias, chile, frutos del bosque, chocolate, nueces, calabaza y soja. Hala que bueno está todo, bueno el chile no me gusta tanto, ya está todo para la lista de la compra de mañana, este fin de semana va a ser explosivo. Empezó a imaginarse la cena, cariño si me ha salido muy original y rica, si claro que puedes repetir que he hecho mucha (lechuga romana de base, rúcula, nueces, soja, espárragos, zanahorias y tiritas de membrillo, claro que hay postre mira que brochetas de fresa y plátano para esta fondue de chocolate, deliciosas verdad…No le diría nada, claro que no, porque él siempre estaba dispuesto y no convenía que aquello se convirtiese en un placebo, nada de nada, aquello era un experimento serio, riguroso, bueno entendámonos: experimento y punto.

martes, 15 de julio de 2008

Barcelona

Cuando visité Florencia la última vez, y de eso pronto hará diez años, ya lo noté, los florentinos estaban cansados del bullicio de los turistas, que como si fueran bárbaros invaden el centro, junto a la catedral. Pensé que agobio vivir en un sitio así.
Pero luego volví a mi ciudad, a mi trabajo en un despacho en Via Laietana, al cual llegaba cada día dando un paseo desde Pl. Catalunya, bajaba Porta Ferrisa, cruzaba en diagonal la Plaza de la catedral y llegaba bordeándola hasta la plaza Ramón Berenguer, cuya escultura ecuestre me hacía reír siempre por la cantidad de fotografías que merece y sin embargo pocos autóctonos reparaban en ella.
Llegó la primavera y vi como se llenaban de autocares, con estudiantes italianos y franceses de fin de curso, luego llegó el verano y por los cruceros ya no había una sola mesa libre para desayunar en la terraza del café al que solíamos ir, tras las semanas de vacaciones volvió el otoño a llenarse la plaza de la catedral, esta vez de jubilados que despistados y risueños te impedían el paso mientras siguen a un banderín, y el invierno, por fin, parecía que el frío podría poner algo de orden pero llega la Feria de Santa Lucia y todo se llena de paradas con figuras de pesebres, y con ellas hileras de niños que se asoman de multitud de colegios no sólo de Barcelona sino de los pueblos de alrededor. Por fin pasaron las fiestas y la plaza recobró su aspecto, por poco tiempo.
Recordé a Florencia, y pensé algo tan sencillo como triste: el turismo a veces se cobra más de lo que deja.
Yo dejé aquel trabajo, me fui a vivir a las afueras, el bar de la terraza cambió de dueño.