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Barcelona, Spain
Estudió en la Universidad de Barcelona. Ahora es madre a tiempo completo. Le encanta el café, la escritura, el cine, la fotografía, cuidar plantas y la buena compañía.

viernes, 20 de marzo de 2009

No se te olvide

Que nadie se olvide que hoy empieza la PRIMAVERA.

Hoy una madre de la guardería tuvo la bonita idea de llevar una flor, el niño la llevaba muy contento. Me ha encantado, un gesto sencillo y significativo, así que en cuanto me he venido a casa me he ido a por unos guantes y con un tenedor me he dedicado a arreglar unas cuantas macetas, a moverles la tierra a mojarlas para prepararlas para sembrar, basilico. Lo confieso me encantan las plantas aromáticas siempre tengo en casa. Unen lo bello a lo práctico.
En fin que me ha parecido que hoy día es un buen día, para tomar conciencia de la naturaleza, tal vez hasta para regalarse o que te regalen... una plantita.

lunes, 16 de marzo de 2009

El viento

Le aterraba el viento. Cuando soplaba fuerte, se escondía, se acurrucaba no quería salir. En cambio disfrutaba sacando la cabeza cuando iba en coche, pero ese era otro tipo de aire ese lo creaba la velocidad, el otro era incontrolable. Sentía pánico por los días de viento, acaso intuía que uno de esos días vendrían a buscarle.
No hablaré bien de él sólo porque esté muerto, odio esos discursos que alaban al que se ha ido y les atribuyen más virtudes de las en vida tuvieron. Me molesta indeciblemente, como si por el sólo hecho de estar muerto ya fuesen más buenos.
Él si era una buena persona, condescendiente con los más débiles, paciente con nosotros, tenía un porte elegante y noble como su alma. Sabía escuchar y sabía estar a tu lado cuando sentía que lo necesitabas y encontraba siempre el modo de acompañarte sin molestar. Disfrutaba de la vida familiar, como el que más. Siempre era el primero en acudir a todos, dispuesto a la fiesta. Era cálido en el trato y al mismo tiempo era fuerte y protector si la situación lo requería. Le encantaba el sol, los paseos por Montjuich, o sentarse en una terraza de la Gran Vía, siempre sabía sacar el lado bueno de la vida. Lo veías en esa forma de mirar, de hacerte broma, su chispa, su dulzura, esa alegría siempre renovada y vital cuando te veía, aunque también a veces se mostrara pensativo, pero entonces no era melancolía, más bien tenía un aire filosófico.
Lo sigo echando de menos. Mis manos siguen recordando el tacto suave de su pelaje, la forma que tenía de saludar, poniendo su pata encima de mi rodilla, el tono de sus ladridos. Y sigo todavía hoy, que han pasado tantos años, recordándolo los días de mucho viento. Le digo no temas, no hay nada que temer, estoy aquí contigo, y él se refugia entre mis pies, se acurruca mientras escribo esto. Recuerdo como lo encontré tirado en el balcón, todavía conservaba calor su cuerpo, como traté de despertarlo con suavidad, luego llorando, despierta le dije, despierta. Pero hacía viento, ese viento que él siempre intuyó vendría a buscarle y me dio infinita pena pensar que había muerto, solo, mirando a ver si llegábamos.
Y qué importa que fuera un perro, fue antes que eso, mucho más que eso, fue un buen amigo.