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Barcelona, Spain
Estudió en la Universidad de Barcelona. Ahora es madre a tiempo completo. Le encanta el café, la escritura, el cine, la fotografía, cuidar plantas y la buena compañía.

viernes, 25 de julio de 2008

Déjame que te cuente

Hoy has comido los macarrones de la abuela, te hemos llevado de paseo por el Pueblo Español, has escuchado nuestras risas mientras nos probábamos sombreros de rafia, aunque al final tu mami se haya quedado con la gorra azul celeste con letras blancas, has estado en una exposición de arte, quién sabe si te han llegado las endorfinas que mamá ha producido mientras veía cuadros y esculturas, has probado un cacaolat frío y luego un helado de straciatella, mamá estaba golosa. Luego de nuevo nos has oído hablar, de la tienda de los abanicos, de la del macramé, de la de los juguetes hechos a mano, de la de madera, de la de las máscaras venecianas. Lo hemos pasado bien, sentados en el mirador apenas un par de fotos con el móvil.
Luego en la terraza del MNAC has probado una coca-cola, y has sentido el fresquito de una lluvia de verano que apenas ha durado cinco minutos pero que ha hecho que de pronto todos nos pusiéramos a cubierto bajo los parasoles. Y desde allí mientras atardecía tu papá ha visto por vez primera las fuentes de Montjuich. Tu abuelo nos llevaba muchas veces a verlas, y casi siempre volvíamos de aquellas salidas con nuestros collares fosforescentes que se veían en la oscuridad, así que tu también vendrás a verla todas las veces que vengas a Barcelona.
Y si, hoy te he visto, por vez primera, fugaz en blanco y negro. Tu perfil, tu barbilla: brillabas como una lucecita en un inmenso universo negro. Que bonita se te ve. Crece sigue creciendo, disfruta del cálido vientre de mamá, de esas voces que tanto te cantan, de las caricias del sol y del dulce vaivén de esas olas que su caminar te mecen. Duerme y sueña que te espera un mundo entero, mi pequeña Sofía.

miércoles, 23 de julio de 2008

Violeta y Cristina

La foto era sorprendente, dos niñas habían muerto ahogadas y sus cuerpos yacían en la playa ocultos por toallas, detrás una pareja sentada parece dispuesta a pasar el día de playa. Era tan triste la imagen que no me conformé con la reseña.
Buscando en la prensa italiana más detalles he encontrado el blog de un cardenal, Sepe, de la iglesia de Nápoles, que explica la historia con más detalle, eran primas y de etnia gitana, vendían baratijas por la playa, se dieron un baño la pequeña de 12 años empezó a tener dificultades y su prima fue en su auxilio. Las dos se ahogaron. La foto que tiene en el blog corrobora la otra, mientras se llevan el ataúd gente tomando el sol en unas hamacas de color verde.
El post habla de la indiferencia, pero a mi me parece que hay mucho más que eso, me parece un delito, la omisión del deber de socorro, nadie, nadie en esa playa fue capaz de echarse al agua para tratar de ayudarlas. ¿Nadie las vio en dificultades? Y si así fue, como puede uno después de presenciar algo tan triste cerrar los ojos y tomar el sol.

Tengo fe en el ser humano, aunque a veces sinceramente viendo cosas así se quiebra.

martes, 22 de julio de 2008

Sólo una galería más del alma

Por aquel entonces cuando escribía en la galería, de techos altos y muchos ventanales como tantas otras del Eixample, en las calurosas noches de verano solía abrir las ventanas pero siempre dejaba echadas las cortinas, la mayoría de las veces apenas entraba una suave brisa que olía a mar, pero algunas era tan osado el viento que hinchaba las cortinas blancas hasta convertirlas en velas, y sólo entonces aquella galería dejaba de serlo para convertirse en un barco que empujaba mi imaginación mar adentro.
A veces me asomaba a la ventana para ver las luces de las otras casas, había una que me gustaba especialmente porque cuando, me imaginaba yo que tenían invitados, ponían cuatro o cinco velitas naranjas en su balcón, era dulce de ver.
Por aquel entonces a ratos me imaginaba como iba a ser mi vida luego, como sería mi casa, donde estaría con quién iba a compartir mi día a día, mi más profundos anhelos vitales, quién arrancaría todas aquellas sonrisas dormidas. No es que la vida de aquel entonces no mereciera ser disfrutada pero a los veintitantos, recuerdo unos cuantos años apáticos de estancamiento, hoy los llamo de necesaria transición.
Aprendí duras lecciones, una de ellas es que no se debe trivializar lo sublime, que no se debe jugar con los sentimientos que tal vez lo que empieza con una discusión tonta acaba siendo luego irreversible, la siguiente es una consecuencia de la anterior, que podría resumirse en aquello de a lo hecho pecho, que no debemos aferrarnos al pasado, que hay un momento en la vida en que hay que pasar página, porque si no lo haces vivirás tu única vida malgastándola en algo inerte. Porque puedes proyectarte en el futuro, soñar hasta despierto en tu presente, pero el pasado se escapó ya de tus manos, y salvo que creas en el eterno retorno de nietzsche no puede volver a ti.
No lo sé. El caso es que hoy mientras conducía sola, porque las niñas iban el coche de su padre, de regreso a casa me sentía contenta. Si es cierto, podía haber escogido otras opciones, quién sabe a donde me hubieran llevado pero escogí esta.

Y pienso en aquel barco de velas que surcaba bajo noches estrelladas la estela de su destino ignoto y sonrio al ver donde echó su ancla.

Si soy yo


Ese día iba a comer a casa de mi madre me hizo gracia encontrármelo así de pronto. Llevaba la cámara en el bolso y no pude resistirme a la tentación.
Invita a pensar.