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Barcelona, Spain
Estudió en la Universidad de Barcelona. Ahora es madre a tiempo completo. Le encanta el café, la escritura, el cine, la fotografía, cuidar plantas y la buena compañía.

martes, 15 de abril de 2008

Sobre el amor y sus indicios

Este post es por culpa de Anado, y su post del sábado 12 de abril, “Banderas y besos” así que os invito a leerlo allí.
Sobre si las mujeres nos equivocamos menos a la hora de confundir las señales que nos envía el otro, podría decirle que sí que normalmente las mujeres tenemos una percepción un poco más afinada, y casi me atrevería a decir del lenguaje corporal en general y eso nos viene porque desde antaño las mujeres, cuando son madres aprenden a identificar los gestos de satisfacción o disgusto de sus bebés, pequeñas personitas aun sin lenguaje verbal. Pero como todo hay notables excepciones, como una gran amiga mía que con 17 años, en moto, con un tipito de 50 y pocos confundió un piropo: “maca” (guapa) por vaca, y yo venga a reír y ella toda azorada.
Los indicios del amor hay que buscarlos en los detalles es cierto, pero lo de la puntualidad es relativo, pues y si porque le importaba llegar más guapa/o, más especial que nunca, se esmeró con la vestimenta o el maquillaje y llega tarde, entonces confundiríamos el exceso de celo, como desidia o desinterés, craso error.
Medir el amor con los besos, tampoco sería excluyente, hay personas muy poco efusivas o por el contrario muy entusiastas, a la hora de manifestar sus sentimientos.
Así que ahí va mi fórmula, la medida del amor la condiciona la cantidad de tiempo que empleamos en pensar en esa persona, y es directamente proporcional a la intensidad de satisfacción que ello nos produce, porque más de uno no deja de pensar en su jefe y en fin no se trata de lo mismo.
Cuando uno se enamora, su pensamiento se distorsiona, encuentra en el otro una fuente inagotable de bienestar. Pensar en ella, te hace sonreír sin causa, supone un motivo más para levantarte por las mañanas. El gran secreto del amor, correspondido, es que nos hace sentir mejores. El del no correspondido, se llama platónico y tiene otras grandes virtudes, entre las que destaca que no sufre deterioro alguno, siempre sale indemne. Pero de ese ya hablaremos otro día, que sino me alargo mucho y no cumplo mi buen propósito.

2 comentarios:

Anado dijo...

Hola Sonia,

Lo primero decirte que quizá dejaste el artículo en su mejor momento. Tu temor ha alargarte en este caso ha sido contraproducente para nosotros.

Luego aclararte un par de puntos de mi entrada que supuso punto de arranque de esta tuya. Quizá entonces quedaron confusos, así que los aclaro.

La puntualidad no es algo infalible. Es solamente un detalle que para mí significa. Pero no es la prueba del algodón. Tienes razón en que hay otros muchos detalles a tener en cuenta.

No digo que los besos sean la manera de medir el amor. Esto es obvio, por supuesto hay gente poco efusiva que ama discretamente. Me cuento entre ellos, incluso. Cuando dije que servía para medir me refería al tiempo. El reloj entonces no importa. El tiempo se para porque deja de significar. Ya no hay horas ni minutos, hay besos, vengan cuando vengan.

Aclarado esto, enhorabuena. La parte final da en el clavo.

Un abrazo.

Sonia dijo...

jajaja anado, vaya así que según tú el post quedo corto. Es lo que tiene ser consecuente ;)
Coincido contigo en tus puntualizaciones, tal vez lo más difícil no sea sólo el reconocerlo, el verdadero reto consiste en mantenerlo vivo por años.
Un abrazo y como siempre, gracias por pasarte.