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Barcelona, Spain
Estudió en la Universidad de Barcelona. Ahora es madre a tiempo completo. Le encanta el café, la escritura, el cine, la fotografía, cuidar plantas y la buena compañía.

viernes, 30 de septiembre de 2016

89 horas y 20 horas

El astrónomo, que no astrólogo siempre tengo que pensar cual es cual porque los dos términos me parecen científicos aunque a mi lo que realmente me confunde es el sufijo -logos con más caché que el de  -nomos en fin cosas mías, indicó un dato sorprendente: 89 días y 20 horas.

Así tal cual, con una precisión exacta que parecía querer borrar cualquier asomo de duda, 89 días y 20 horas exactamente es el tiempo que iba a tener este otoño.  Un astrónomo que seguramente llevaba un vaquero y una americana fina, porque sigue haciendo calor,vestido a lo occidental para dar más credibilidad al asunto, como recordaba El Principito, sagaz como pocos en estas menudencias.

Y yo pensé, vaya 89 días son bastantes, podrían hacerse muchas cosas interesantes en tantos días.
No sé, ponerse en forma una de ellas, cambiar un hábito otra, hacer algo nuevo, aprender algo diferente. Y el hilo del pensamiento me llevó a mi bici, sí, desde no hace mucho, tengo una muy chula. Fuimos a comprarlas todos juntos. El insistía en que fuese tipo mountain bike, que si era mejor, que si la llevaríamos mejor, que si el cuadro y no sé cuantas cosas más. Pero mi argumentación fue tan contundente como tragicómica: ya tuve una, _venía de regalo con una enciclopedia que compró mi madre_, si voy a tener bici la quiero escoger yo, quiero que me guste y quiero que sea así.
Pareció entenderlo. La compramos y ahora cada vez que queremos ir con ella, hay que desmontar la rueda y meterla dentro del coche, sí un poco incómodo resulta, pero me siento feliz cuando voy en ella. Pero lo curioso es que hace poco me dí cuenta de ello, me vino así de pronto, que si me gustan las ilustraciones con vespas y bicis es por un motivo más profundo que el estético. El verdadero motivo es más sutil y poderoso: tengo muchos momentos placenteros asociados a esos objetos,  pero no solo porque han formado parte de mi infancia y juventud, si no también porque mis primeras experiencias de libertad las tuve con ellas. Es difícil por tanto para mi no subirme a una bici y no rememorar momentos felices, como el sentir el aire en la cara cuando me dejaba caer por una bajada después de pedalear una calle en cuesta. La sensación de autonomía, de ser un poquito mayor, que me daba el decir: me voy a dar una vuelta con la bici.
Mi hija pequeña se está viendo una reposición de una serie llamada Verano Azul, y está tremendamente sorprendida de ver como vivíamos entonces, tanto que hasta profirió un sentido: Qué suerte a mi me habría gustado vivir en esa época sin móviles, qué guay era...
Me hizo sonreír, no era todo perfecto, o idílico, pero si es verdad que jugábamos más y casi diría que un poquito mejor, pues nos bastaba estar unos cuantos niños juntos para jugar a algo. Yo recuerdo que cuando iba a los restaurantes con mis padres si había otros niños hablábamos con ellos. Ahora es algo impensable, cada uno va a la suya, con suerte levantarán la cabeza del móvil. Por eso creo que es un acierto esos restaurantes, muy poquitos, que tienen un parque infantil, al menos así juegan.

Y todo esto venía a propósito del otoño, ese largo otoño de 89 días y 20 horas. Yo en cuanto me reponga del todo de la fractura del dedo del pie, _recordad que si os dicen que caminar descalzo es sano no se refieren a vuestras casas_y ya estoy cerca de ello, lo primero que voy a hacer es un paseo por el paseo marítimo de Sitges. Me apetece mucho, caminar por la arena mojada me va a ir genial. Y más adelante volveré a la bici, voy a ver si soy capaz de volver a crear recuerdos felices con ella, como el del paseo que hicimos en agosto. Y mientras disfrutaré de mi rutina con mi familia, que también me gusta y entre ellas la de escribir.
Ahora toca el turno a los relatos cortos, como le pasa al Haruki Murakami que también le gusta ir cambiando.
Toca un relato, en esos 89 días, no uno que tenga esa duración, no, más bien uno que tenga ese título, misterioso, para que cada uno a leerlo imagine que haría con ese tiempo, ese trocito de su vida, hacer que cobre importancia, dotarlo de una significación extra. Al fin y al cabo, el otoño del hemisferio norte, no olvidemos recordó el astrónomo de la noticia, coincide con la primavera para el hemisferio sur.  Yo hace unos cuantos años que trato de disfrutar del otoño, como si de otra primavera se tratase.



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